5 ene 2011

DON GREGORIO 108 AÑOS

Ni dios chino Sau de la inmortalidad, melocotones de la vida eterna, ni leches, a Don Gregorio Mosqueda lo que de verdad le ha posibilitado alcanzar 108 años de edad con buen cuerpo y ganas de marcha es…el amor y la juerga erótico festiva. Pero, eso sí, nada de alcohol.

Este más que centenario paisano argentino de la provincia de Corrientes (1200 kms. al norte de Buenos Aires) acaba de festejar su cumpleaños –nació el 4 de enero de 1903- y da gracias a la vida por los frutos que ha cosechado en este mundo: nada menos que 57 noviazgos y cuatro matrimonios, todos culminados por viudez.

Rodeado de varios de sus 22 hijos e incontables nietos –superan los 60, dicen- Don Gregorio recuerda su arribo a Corrientes a los 11 años junto a sus padres, que también fueron prolíficos. Trabajó de jornalero en el campo y, luego, A los 80, sus hijos le convencieron de que se jubilara.

Desde jovencito ya prometía para los asuntos del amor. "Siempre me gustaron mucho las 'guaynas' (mujeres, en guaraní) y fui medio picaflor, por eso me casé de grande…", confiesa, en un reportaje publicado este viernes por el diario Clarín.

"Nunca me interesó beber. A mí de bebidas no me hablen. Creo que son las cosas que me ayudaron a llegar a esta edad", reconoce.

Adonde sea que suene un chamamé (genero musical guaraní) a este campesino se le endiabla el cuerpo e irrumpe a danzar, incluso si está solo en casa oyendo la radio. A veces hasta suele acercarse al local bailable "Patio Chamamecero", donde las parejas giran y giran sobre la pista abrazadas en forma sensual.

No le hace asco a nada en materia gastronómica y conserva un estómago de hierro. "Me gusta comer bien…", admite y a diario degusta sus platos favoritos: bife de chorizo, pastas y huevo frito.

Aunque hace tiempo dejó atrás las obligaciones, todavía guarda la rutina campesina de levantarse al alba. Salta de la cama a las 5,30 de la mañana, bebe unos 'mates' (infusión caliente de yerba sorbida con bombilla) y sintoniza alguna emisora de radio que propague chamamé. "Nunca tiene un día malo, siempre está de buen ánimo", señala un hijo.

Por supuesto que sigue profesando la religión de sestear, ese espacio de tiempo mágico en el que engendró a muchos de sus descendientes, cuando aún el cuerpo le pedía acción.

Igualmente, una de sus hijas comenta que "nos parece que tiene una novia por ahí". Pero el jefe de familia niega moviendo la cabeza. "Estoy bastante retirado del asunto…", asume y se queja porque, dice, "las mujeres de hoy día generalmente buscan al hombre por la plata y así no es lo mismo…".

Fuente: El Mundo.es.

No hay comentarios: